jueves, 29 de diciembre de 2011

Una rendición total de mi voluntad


Rev. Gustavo Martínez Garavito

“No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre”, Juan 5:30.

UNA RENDICIÓN TOTAL DE MI VOLUNTAD A LA VOLUNTAD DE DIOS

Hay una voluntad general que es la que Dios quiere para toda la raza humana. Dios no quiere que ninguno se pierda y que todos sean salvos. Este es el plan más grande que el Señor haya trazado: que el hombre sea redimido, por ende disfrute de su gracia y comunión. Él nos creó para alabanza de su gloria, y que le sirvamos con todo el corazón.

También hay una voluntad individual, y es la que el Señor quiere que hagamos. Tenemos el caso de Jeremías, que había sido traído a este mundo para que fuera un profeta, en una época de mucho descarrío y de frialdad espiritual. En un momento de su llamado quiso rehusar y decir no puedo, “porque soy niño” (Jeremía1:6), y Dios le contestó: “No digas: Soy un niño; porque a todo lo que te envíe irás tú, y dirás lo que te mande” (Jeremías 1:7).

“Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que naciese te santifiqué, te di por profeta a las naciones”(Jeremías 1:7). El Señor le dio capacidades para que cumpla la labor, eso es la voluntad individual, eso es lo que Dios quiere. David dijo: “Jehová cumplirá su propósito en mí” (Salmo 138:8). Sabemos que el muro más grande que el Señor encuentra es nuestra voluntad, porque esta se niega a someterse, le gusta hacer lo que bien le parece.

Las generaciones de hoy son: rebeldes, materialistas, entre otras cosas más e ignoran y desechan la voluntad de Dios. A pesar que vivimos en una época difícil, llena de carnalidad y de poca espiritualidad; encontramos que la Iglesia puede cumplir el propósito de Dios. La Escritura nos dice: “Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento” (Marcos 12:30).

El aceptar la voluntad de Dios es ponernos de acuerdo con Él, es tener comunión con Dios. Recordemos que Jeremías le habló al pueblo y les dijo: “Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él... Mas dijeron: No andaremos” (Jeremías 6:16). Entonces Dios tuvo que entregarlos a Babilonia, así acabó con la arrogancia de ellos y pudieron entender que Dios era bondadoso, fiel y misericordioso.

El Señor dijo: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame” (Lucas 9:23). Cuando dice “si alguno quiere venir” está hablando que si alguno de su propia voluntad puede aceptar venir a Dios. Esa persona no es presionada, Dios le ha dado libre albedrío, así puede aceptar o rechazar, puede amar o aborrecer, puede decir sí o no.

La gente ama lo fácil, ama aquello donde no le exijan, puede ir al culto, dar una ofrenda; todas esas cosas las hace, con tal que no le cambien el rumbo de su vida, y llevar a cabo sus planes; la mayoría dice que ama a Dios, pero el Señor dice: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mateo 7:21).

Si no muere nuestra voluntad no haremos Su voluntad. La Biblia dice: “La Palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” (Hebreos 4:12). Es la Palabra la que va a quebrantar el estuche que cubre el espíritu

El frasco de alabastro que quebró María llenó de olor toda la casa. Podemos creer que el frasco fue importante, pero lo importante es lo que está dentro, así la fragancia se hará sentir. María hizo un acto donde primero se rindió, entregó su corazón; y luego dio su ofrenda. Eso fue lo que Dios vio en Caín, él trajo una ofrenda conforme a su deseo; pero Abel trajo una ofrenda conforme a la voluntad de Dios, se rindió y entonces procedió luego a entregarlo.

María derramó nardo puro, que habla de vida, que es exquisito. El nardo puro, no traía mezclas, ese perfume representa lo divino. Dios quiere: pureza, integridad, entrega, que no hayan mezclas, que no haya hipocresía, que estemos aquí cuerpo, alma y espíritu. “Que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis… sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios…”(Romanos 12:1-2).

Algunos vieron la acción de María y dijeron: ¡Qué entrega, qué generosidad! ¡No tuvo en cuenta el precio ni escatimó que era muy valioso, lo dio todo!  Pero otros murmuraron: ¡Esto es un gran desperdicio, debió haberse donado a los pobres! Cuando alguien entrega su vida al Señor, la familia es la primera en señalarle y a decir: ¡Cómo se atreve a desperdiciar su tiempo! ¡Dios no necesita de su vida, Dios no necesita de tanta consagración!

Judas era un discípulo de Jesús, no era un hombre íntegro, era egoísta, si se recolectaba dinero y estando en su poder robaba, lo administraba mal. Un hombre espiritual no puede decir que cuando uno se consagra, que cuando uno realiza algo importante para la humanidad está desperdiciando el tiempo. Es el carnal que empieza a estorbar y a murmurar.

Gedeón tenía un ejército que era demasiado y no apto de rendirle la gloria a Dios. Esa vez se devolvieron veintidós mil, y quedaron diez mil hombres. Pero aún era demasiado, así que quedaron trescientos hombres, quienes estuvieron dispuestos a entregarlo todo, a hacer lo que fuera por su pueblo. No le dio armas para la batalla, sino que le dio una estrategia diferente a la militar. Gedeón utilizó trescientos cántaros de barro, y dentro de las vasijas metió teas que estaban encendidas (así pasaron inadvertidos), y también llevaron trompetas.

Cuando sonaron las trescientas trompetas, entonces quebraron los trescientos cántaros y tomaron las trescientas teas encendidas, esto causó un impacto grande en el enemigo que tembló, se estremeció y se confundió. Los madianitas enloquecieron y comenzaron a atacarse unos a otros. Mientras los cántaros estaban intactos no había luz. Para que se vea la luz que está en su corazón, tiene que ser quebrantado el cántaro y así la luz de Cristo se verá.

“No puede el Hijo hacer nada por sí mismo…”, Juan 5:19. Pedro trató de persuadir al Señor de que no vaya a Jerusalén, porque en ese lugar le esperaba un gran martirio. Cristo había venido a este mundo con una misión específica, única, y era redimir al hombre. Fue a la cruz, que era lo más crucial, lo más difícil; pero antes de eso no hubo ni un solo momento en la vida de Cristo aquí en la tierra que hubiese olvidado que había venido para hacer la voluntad del Padre. Por eso tenemos que esperar que la dirección venga de Él, no puede venir de nosotros, ni para agradarnos, ni para agradar a los hombres, sino para hacer la voluntad del Padre.

Cuando la familia y los más allegados le piden que deje el camino, ahí es cuando nosotros tenemos que saber que no estamos aquí para agradarnos, o queriendo agradar a los demás buscando nuestro bienestar. Si sólo queremos agradar a los demás, somos dignos de conmiseración, dignos de nada, somos manejados por los sentimientos nuestros o de los otros. Estamos aquí para obedecer al que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable, que nos sacó de este mundo, y nos dio su gracia y misericordia, extendiéndonos su mano y nos levantó.

Jesús primero tuvo que despojarse de su trono. El NT dice: “El cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”(Filipenses 2:6-8). Él se despojó de los privilegios y la gloria, para poder venir a este mundo.

Y por haberse humillado voluntariamente entregándose hasta la muerte de cruz, Dios el Padre “le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor…” (Filipenses 2:9-11).

Cuando estuvo aquí en la tierra, tuvo que despojarse del manto que lo identificaba como maestro, y tomó otro manto como se ceñían los esclavos, los siervos. Mientras no nos despojemos de nuestra investidura, de nuestro apellido, de nuestros privilegios, y de nuestras comodidades materiales no podremos servir al Señor, no podremos brindarle un verdadero servicio, hay que despojarse primero para poder hacer Su voluntad.

En una ocasión los discípulos fueron a comprar algo de comer. “Entonces salieron de la ciudad, y vinieron… los discípulos le rogaban, diciendo: Rabí, come. Él les dijo: Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis. Entonces los discípulos decían unos a otros: ¿Le habrá traído alguien de comer? Jesús le dijo: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra” (Juan 4:30-34). Es decir, que la mejor satisfacción para el siervo, para el que ha sido enviado, es hacer la voluntad del que le envió y terminar pronto su obra.

Él sabía lo que habría de sufrir. Por eso se estremeció, su sudor se convirtió en gotas de sangre, y “como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca” (Isaías 53:7). Jesús le dijo al Padre: “Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú” (Mateo 26:39). Le está diciendo: Si hay otra manera para redimir al hombre, pero que no sea como yo quiero.

“Sacrificio y ofrenda no te agrada; has abierto mis oídos; holocausto y expiación no has demandado. Entonces dije: He aquí vengo; en el rollo del libro está escrito de mí; el hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, y tu ley está en medio de mi corazón”(Salmo 40:6-8). “Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí” (Isaías 6:8). Cristo se rindió. Se levantó de la oración y le dijo a sus discípulos: “Levantaos, vamos; he aquí, se acerca el que me entrega” (Marcos 14:42), ya es la hora, ya no se puede retroceder, si retrocede no agradará al Padre.

Cristo sabía que le esperaba la cruz y marchó con firmeza, con voluntad, ¿sabe por qué lo pudo hacer? Porque Él se había quebrantado en el Getsemaní, su propia voluntad la había enfrentado y la quebrantó, la doblegó. Había rendido totalmente su voluntad a la voluntad del Padre, y cuando eso sucede se libera el gozo, la paz. Él dice: “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado”(Isaías 26:3).

A la carne no le gusta el sufrimiento, ni la burla, ni el rechazo. Cristo sabía que tenía que enfrentarse a la hora más crucial y más decisiva de toda su historia. Ahí Satanás con toda su fuerza, con todos sus demonios iban a tratar a toda costa de impedir que Cristo se sometiera voluntariamente. La Biblia nos dice: “Pero Jesús, sabiendo todas las cosas que le habían de sobrevenir, se adelantó y les dijo: ¿A quién buscáis? Le respondieron: A Jesús nazareno. Jesús les dijo: Yo soy. Y estaba también con ellos Judas, el que le entregaba... Volvió, pues, a preguntarles: ¿A quién buscáis? Y ellos dijeron: A Jesús nazareno. Respondió Jesús: Os he dicho que yo soy; pues si me buscáis a mí, dejad ir a éstos”(Juan 18:4-8).

Se entregó voluntariamente, la Biblia nos dice: “Por eso me ama el Padre, porque yopongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar…” (Juan 10:17-18). Fue un acto que brotó de Jesús, porque la entrega tiene que salir de nosotros, tiene que ser voluntaria, no tiene que ser con presiones, ni porque otros nos persuaden, sino que debe salir de nuestro corazón.

Jesús no reaccionó violentamente ante la turba, Él se entregó voluntariamente. “Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la desenvainó, e hirió al siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja derecha… Jesús entonces dijo a Pedro: Mete tu espada en la vaina; la copa que el padre me ha dado, ¿no la he de beber?” (Juan 18:10-11). Jesús le dijo en ese momento a Pedro: “¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que Él no me daría más de doce legiones de ángeles? ¿Pero cómo entonces se cumplirían las Escrituras, de que es necesario que así se haga?” (Mateo 26:53-54).

“Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar”(Hebreos 12:2-3).

Jesús vino a cumplir la voluntad del Padre para arrebatarle el acta a Satanás con la cual tenía sentenciada a muerte al hombre. “Os dio vida juntamente con Él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz” (Colosenses 2:13-15).

Amados, digamos al Señor: Me rindo totalmente, sin reserva alguna, no me importa el precio, no importa lo que el carnal y el mundano diga de mí, no importa que diga que estoy desperdiciando mi vida, no me importa nada de eso. Estoy aquí para hacer la voluntad de Dios, estoy aquí no para complacerme, estoy aquí para complacer al Padre. Señor, por encima de mi propia vida está el hacer tu voluntad, no importa si tengo que ir al sacrificio, no importa si tengo que ser un mártir, no importa si tengo que sufrir, ¡Heme aquí, quiero hacer tu voluntad!

La Voluntad de Dios


Rev. José Arturo Soto

“Cuando vio Balaam que parecía bien a Jehová que él bendijese a Israel… puso su rostro hacia el desierto”, Números 24:1.
LA VOLUNTAD DE DIOS ES MAYOR QUE LOS DESIGNIOS Y CAPRICHOS HUMANOS

“Cuando vio Balaam que parecía bien a Jehová que él bendijese a Israel, no fue, como la primera y segunda vez, en busca de agüero, sino que puso su rostro hacia el desierto; y alzando sus ojos, vio a Israel alojado por sus tribus... Benditos los que te bendijeren, y malditos los que te maldijeren”, Número 24: 1-9.

Balaam, un hombre raro en el sentido de su aparición y de su aparente ministerio espiritual. Balac, era rey de Moab, en cuyo pueblo pesaba el juicio de Dios, su origen mismo es indigno, porque surgió de los lomos de Lot y sus dos hijas, de ellas salieron dos pueblos: Moab y Amón (Génesis 19:30-38).

Balaam es denominado un profeta, en alguna medida profetizó, no era un tiempo de ministerios de profetas; era el tiempo del ministerio de Moisés, de este gran caudillo que se le dio una serie de virtudes y que se vieron reflejados en la dirección del pueblo de Israel desde la salida de Egipto hasta acercarse a la tierra de Canaán.

¿De dónde era este Balaam? Era de Mesopotamia, de Aram, de Siria, de los territorios de Madián. Este es contratado por el rey Balac para un trabajo especial, ¿cuál es el trabajo especial que quiere hacer Balac con este seudo profeta? Pues nada menos que maldiga al pueblo de Israel.

Iniciando desde Abraham la voluntad de Dios para su pueblo fue bendecirlo, leemos: “Y haré de ti una nación, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra”, Génesis 12:2-3.

El rey Balac le envía una comitiva, gente importante del gobierno. “Por tanto, envió mensajeros a Balaam… diciendo: Un pueblo ha salido de Egipto, y he aquí cubre la faz de la tierra, y habita delante de mí… te ruego, maldíceme este pueblo… pues yo sé que el que tú bendigas será bendito, y el que tú maldigas será maldito…”, Números 22:5-8.

“Y vino Dios a Balaam, y le dijo: ¿Qué varones son estos que están contigo? Y Balaam respondió a Dios: Balac hijo de Zipor, rey de Moab, ha enviado a decirme: He aquí, este pueblo que ha salido de Egipto cubre la faz de la tierra; ven pues, ahora, y maldícemelo... Entonces dijo Dios a Balaam: No vayas con ellos, ni maldigas al pueblo, porque bendito es”, Números 22:9-13.

Balac es informado de la negativa de Balaam, el rey cree que todo hombre tiene un precio, cree que si se le ofrece más entonces accederá. Si antes había mandado los viceministros, esta vez mandó a los ministros, y ofreció más. “Volvió Balac a enviar otra vez más príncipes, y más honorables que los otros… y le dijeron: …ahora, maldíceme a este pueblo”, Números 22:15-17.

“Y Balaam respondió y dijo... Aunque Balac me diese su casa llena de plata y oro, no puedo traspasar la Palabra de Jehová mi Dios para hacer cosa chica ni grande. Os ruego, por tanto, ahora, que reposéis aquí esta noche, para que yo sepa qué me vuelve a decir Jehová”, Números 22:18-19. Ahí está el problema cuando creemos que se puede manipular la voluntad de Dios, cuando creemos que podemos ajustar a Dios a nuestros caprichos y no ajustarnos a las demandas de Dios.

Dios no estuvo de acuerdo en que Balaam vaya a encontrase con el rey Balac. A veces Dios permite cosas o situaciones para probarnos, para ver la profundidad de nuestra sinceridad. Balaam tenía que entender que era un mercenario de las cosas de Dios y un vendedor y un negociante de los talentos y de las virtudes cristianas. Dios no lo veía bien y se lo iba a demostrar.

Balaam no era una invención, Moisés lo mencionó; Josué en su discurso de despedida lo mencionó; Miqueas lo menciona; Pedro lo menciona cuando nos previene de personas parecidas a Balaam, y nos dice: “Han dejado el camino recto, y se han extraviado siguiendo el camino de Balaam… el cual amó el premio de la maldad, y fue reprendido por su iniquidad; pues una muda bestia de carga, hablando con voz de hombre, refrenó la locura del profeta”, 2 Pedro 2:15-16.

Pero noten que le llama “profeta loco”, hay muchos profetas locos hoy en día que no saben ni para dónde van ni saben lo que dicen. Judas menciona que algunos “se lanzaron por lucro en el error de Balaam” (Judas 11). Y por último el Apóstol Juan nos habla de “la doctrina de Balaam” (Apocalipsis 2:14) la cual rechazamos. Así que no es un accidente, Dios tiene que darle una lección a Balaam, tiene que darle una lección a Balac y tiene una lección que darnos a nosotros.

“Así Balaam se levantó por la mañana, y enalbardó su asna y fue con los príncipes de Moab. Y la ira de Dios se encendió porque él iba; y el ángel de Jehová se puso en el camino por adversario suyo… Y la asna vio al ángel de Jehová, que estaba en el camino con su espada desnuda en su mano; y se apartó la asna del camino, e iba por el campo. Entonces azotó Balaam a la asna para hacerla volver al camino…” (Números 22:21-24). La burrita vio al ángel de Jehová, la burra tenía más visión que el “profeta”.

“Y viendo la asna al ángel de Jehová, se pegó a la pared, y apretó contra la pared el pie de Balaam; y él volvió a azotarla. Y el ángel de Jehová pasó más allá, y se puso en una angostura donde no había camino para apartarse ni a derecha ni a izquierda. Y viendo la asna al ángel de Jehová, se echó debajo de Balaam; y Balaam se enojó y azotó la asna con un palo” (Números 22:25-27).

Ahí va Balaam, pero de pronto su burrita empieza a comportarse extrañamente. Cuando ella vio que el ángel estaba en medio de la angostura y que no hay nada que hacer, se echó y cuando un burro se echa no hay quien lo levante. El profeta loco no entendía lo que sucedía, volvió a azotar a la burra y allí es donde Dios le abre el entendimiento a la bestia, y Balaam entra en una conversación con la asna.

Ese era el momento en que este profeta loco cayera de rodillas y dijera: ¿Qué es lo que está pasando aquí?; hay gente que el Señor le está hablando desde el lunes, martes, miércoles, jueves… hermanos, está hablando el Señor y es bueno que entendamos. Amado, oye la voz de Dios, no se puede seguir el camino a nuestro parecer, Dios nos sale al encuentro y  sabe trastornar los caminos del necio.

Allí mismo, cuando termina ese diálogo Dios le abre los ojos a Balaam y allí estaba el ángel de Jehová con la espada, diciéndole: “¿Por qué has azotado tu asna estas tres veces? He aquí yo he salido para resistirte, porque tu camino es perverso delante de mí. La asna me ha visto, y se ha apartado luego de delante de mí estas tres veces; y si de mí no se hubiera apartado, yo también ahora te mataría a ti, y a ella dejaría viva” (Números 22:32-33).

Dios le dice que su camino es perverso, que es malvado, ahora entendemos por qué se le llama loco a este profeta. Balaam iba a maldecir al pueblo de Israel, por eso es que Dios lo llevó para que viera que a pesar de su deseo, de su capricho, Dios no lo iba a permitir. La Iglesia está predestinada a ir al Cielo aunque el diablo diga que no, pero un individuo puede determinar salir de la iglesia, pero la iglesia como tal va para el Cielo.

Estaba terminando el ministerio de Moisés, y el pueblo entrando en esos reinos, y venciéndolos, y tomando las ciudades y el botín, y se oía por todos lados que Israel venía arrasando con todo. Moisés era su caudillo, no era un guerrero, era un hombre de Dios. Dios le había dicho a Moisés: “No le tengas miedo, porque en tu mano lo he entregado…” (Números 21:34). Israel no peleaba solo, peleaba Jehová el Dios de los ejércitos. Nuestra batalla no es en el plano físico, “pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios…”, 2 Corintios 10:3-6.

El rey Balac sabía que tenía más recursos, eran gente de guerra, organizada, bien parada y atrincherada. Balac se dio cuenta que no podía atacar en el plano material, por eso llamó a Balaam y le dijo: “Ven pues, ahora, te ruego, maldíceme este pueblo, porque es más fuerte que yo; quizá yo pueda herirlo y echarlo de la tierra; pues yo sé que el que tú bendigas será bendito, y el que tú maldigas será maldito”, Números 22:6.

Balaam vino para maldecir, y dijo: “De Aram me trajo Balac, rey de Moab, de los montes del oriente; ven, maldíceme a Jacob, y ven, execra a Israel. ¿Por qué maldeciré yo al que Dios no maldijo? ¿Y por qué he de execrar al que Jehová no ha execrado? Porque de la cumbre de las peñas lo veré, y desde los collados lo miraré; he aquí un pueblo que habitará confiado, y no será contado entre las naciones…”, Números 23:7-10. Y como si fuera poco lo que ve es la multiplicación y el crecimiento del pueblo de Israel como el polvo de la tierra.

Tenemos que decir que el punto principal es el llamamiento a Israel, no se podía maldecir a Israel porque ya Dios los había bendecido. “Entonces Balac dijo a Balaam: ¿Qué me has hecho? Te he traído para que maldigas a mis enemigos, y he aquí has proferido bendiciones”, Números 23:11.

“Y dijo Balac: Te ruego que vengas conmigo… allí me los maldecirás... Y Jehová salió al encuentro de Balaam, y puso palabra en su boca, y le dijo: Vuelve a Balac, y dile así. Y vino a él… y le dijo Balac: ¿Qué ha dicho Jehová? Entonces él tomó su parábola, y dijo: Balac, levántate y oye… Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. Él dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará? He aquí, he recibido orden de bendecir; Él dio bendición, y no podré revocarla…” (Números 23:13-24).

Balaam era un hombre raro, es llamado “adivino” (Josué 13:22), y cuando estaba con Balac buscó encantamientos. Cualquier brujo o adivino que se levante contra la obra de Dios, va a fracasar y va a quedar sujeto al juicio de Dios. Ni adivinación, ni agüero, ni astrología, ni brujería, ni magia negra, ni magia blanca, ni ninguna obra del diablo, porque “más grande es el que está con nosotros que el que está en el mundo”.

Ellos vieron fallas en Israel, el pueblo de Dios no era perfecto, acababa de pasar aquel juicio de las serpientes en el desierto (Números 21:4-9). “¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; mas aun, el que también resucitó… el que también intercede por nosotros” (Romanos 8: 33-34). No le hagamos caso al diablo, la sangre de Cristo tiene poder. Dios castiga y disciplina nuestros errores, pero cada vez que venimos a Él entramos a cobijarnos en su misericordia. Que Dios nos encuentre peleando la buena batalla de la fe, que tengamos la disposición de amarle y obedecerle, y habrá victoria.

La tercera vez Balaam dijo: “Lo veré, mas no ahora; lo miraré, mas no de cerca, saldrá ESTRELLA de Jacob, y se levantará cetro de Israel, y herirá las sienes de Moab, y destruirá a todos los hijos de Set”, Números 24:15-17. En esta visión ve a Israel en Canaán, los enemigos derrotados, y disfrutando de las bendiciones en la tierra prometida. Balaam había querido ir a profetizar para que le pagaran. Pero sabemos que el ministerio no tiene precio ni por puestos políticos ni por tesoros de la tierra ni por fama ni por gloria. Lo que se proponía Balac era afectar a Israel, no lo logró; pero el diablo le puso una idea a Balaam y llamó a Balac.

Su camino fue el dinero (vender el ministerio). Su doctrina fue esta, le dijo a Balac: “Que sean las mujeres las de Moab y las de Madián que inviten a los Israelitas a su fiesta idolátrica, y una vez que estén borrachos, oyendo la música estridente, tú vas a ver lo que va a pasar, se van a descarriar, se van a mezclar, y se va a perder la línea de separación entre lo santo y lo profano, y Dios mismo se va a encargar de ellos…” (Números 25:1; 31:16; 2 Pedro 2:15; Apocalipsis 2:14). El error de Balaam fue que creía que Dios podía desechar a Israel, pero se equivocó pues Dios no lo desecharía como nación.

Desde tiempos antiguos Dios no admite la mezcla, la doctrina de Balaam es la doctrina de la mezcla entre el mundo y la iglesia, tenemos que tener cuidado, somos o no somos, pero Dios no puede aceptar que el mundo y la iglesia vayan juntos, ni en la forma de ver la vida, ni en la forma de vestir, ni de oír música, ni de cantar, ni en la forma de ser, el pueblo de Dios es un pueblo separado del mundo, es un pueblo santo. Cuando el pueblo se mezcló fue castigado.

Moisés peleo la última batalla en Madián, y venció a Moab, mataron a los reyes de Madián y como ahí estaba Balaam, llegaron también a sus tiendas y allí lo mataron, así que el profeta loco terminó mal, los profetas locos que no quieren hacer la voluntad de Dios y trastornan a otros, terminan mal. ¡Vamos a vencer a Balac en el nombre de Cristo!, ¡vamos a rechazar a Balaam en el nombre de Jesús! ¡Y vamos a permanecer en la línea que Dios nos ha dado!

viernes, 23 de diciembre de 2011

Testimonio: Hno. Fernando Ñaupari

Testimonio: Eduardo Roedel

                                 “Fui un esclavo de la droga”

Era un adicto que aparentaba felicidad en un mundo ficticio. Se perforó los brazos y la vida con cientos de jeringas. Fumó de todo. De aquel sótano cotidiano emergió Eduardo Roedel. Un nuevo hombre reconstruido en cuerpo y alma por Dios.

Vive entregado a Dios,con la salud mental restablecida y un presente ligado por completo al Movimiento Misionero Mundial y su obra evangelizadora, pero hubo un tiempo en el que Eduardo Roedel Calle estaba sumergido en lo más profundo de ese pozo oscuro y tenebroso llamado drogadicción. Era solo una sombra difusa de 185 centímetros de estatura. Un reflejo oscuro y perverso de un ciudadano común y silvestre. Vagaba por Lima, la capital del Perú, con las venas abiertas. Una existencia marcada por los problemas familiares y el hedonismo lo catapultó a los 12 años de vida fuera de las fronteras de la realidad y lo ubicó al lado de lo maligno por espacio de  dos décadas.
De una biografía matizada por su cercanía a la iglesia tradicional, en la que sirvió como acólito un quinquenio, Eduardo pasó a mediados de los sesenta a un romance trágico con las drogas. Un idilio que él, hoy cobijado por la gracia de Dios, recuerda con precisión: “yo formaba parte de la Iglesia San Ricardo en el distrito de La Victoria, pero la vanidad entró en mi mente. El Diablo me había estado aderezando. Entonces, pasé de estar en la misa todos los domingos a jugar cartas, fumar cigarrillos y beber tragos cortos. Luego, cuando entré a la secundaria, probé marihuana y empezó mi perdición”.
Guarecido en la intimidad de su hogar, un templo consagrado a Cristo y en el que destaca una amplia colección de biblias y banderas de Israel, Roedel Calle muestra su pasado sin tapujos. Habla en pretérito. Sus palabras son las de un superviviente que afirma con convicción que volvió a la vida por “el inmenso amor del Todopoderoso”. Acompañado por su esposa, Belialina Alvarado, repasa su ayer: “en mi hogar había muchos conflictos familiares. Crecí pensando que el General Serafín Quesada era mi padre, porque llevaba su apellido, hasta que un buen día mi madre Aurelia Calle decidió cambiarlo por el de mi padre biológico”.

Un hombre que salió del fondo
Con 56 años, Eduardo, hoy hombre de fe, a la distancia dice que su sometimiento a los estupefacientes fue producto “en gran parte debido a que mi familia vivía de espaldas a Dios. Los conflictos eran pan de cada día. Además yo sufría, en ese momento, una gran ceguera espiritual. Por eso caí en la drogas como un tonto y pensé que todo era un juego divertido. Entonces en el colegio pasé de la marihuana a la cocaína y me convertí por puro placer en proveedor de drogas de un grupo de amigos del distrito de San Miguel que estaba envuelto en una vida sórdida. Y eso pese a que llevaba dentro de todo una existencia normal, de familia bien, mis padres eran ejecutivos bancarios y yo era un estudiante promedio”.
Aquellos recuerdos lo estremecen a Roedel y refiere que tras esos días oscuros “vinieron momentos más tenebrosos. Mi hermano menor, Serafín Quesada Calle, también cayó en las drogas. Yo por mi parte, y pese a que ingresé a la universidad para estudiar contabilidad, me sumergí en el consumo de otras sustancias más destructivas y andaba siempre en las nubes”. De inmediato, frena su acelerado relato y se desahoga: “bendito sea el Señor que me protegió y cuidó mi vida. Su benevolencia me permitió graduarme de contador público, ingresar a trabajar a un banco y salir bien librado de una época durísima en mi vida”.
En la mitad de una existencia al margen de Dios, este hombre, que solía “fumarse” biblias enteras combinadas con marihuana al ritmo del movimiento hippie, tocó fondo cuando conoció los efectos narcóticos de la morfina.  Con marcas de guerra en sus brazos, como surcos enormes de un tiempo ya extinto, Eduardo cuenta que esta etapa fue: “brutal. Yo adoraba, sin saberlo, al diablo. Aparentaba ser un trabajador bancario normal pero era un personaje terrible. Fumaba marihuana a cualquier hora y en cualquier lado. Pero lo más triste era que me inyectaba morfina y paraba perforado por las agujas y delinquía sin vergüenza alguna para obtener la maldita droga. Era un esclavo de la droga”.
Del abuso constante y diario de la morfina, y otros narcóticos y sustancias como el hachís, ácidos lisérgicos, cocaína, alcohol, alucinógenos, anfetaminas, estimulantes y diversos psicofármacos, Roedel saltó a la destrucción familiar. Padre de un hijo y con 20 años de consumo, un buen día de 1986 descubrió que su hogar era una fantasía. “La morfina me llevó a robar innumerables farmacias y boticas de Lima. Encima mi vida conyugal era atroz. Mi mujer de aquel momento, que laboraba conmigo en el banco, empezó a salir con un compañero del trabajo y eso me llevó a la perdición total”, cuenta sobre el punto de quiebre que lo llevó ante Dios.
Después Eduardo, que fue internado incontables veces en clínicas especializadas por su familia y tratado por los mejores especialistas del país en salud mental, brinda más detalles de su ciclo de vida más negativo.  “Luego de enterarme que mi mujer me era infiel, cegado por las drogas, decidí cometer una atrocidad en contra del tipo que salía con ella. Planifiqué todo para violarlo, junto a un grupo de amigos adictos como yo, y dejarlo discapacitado, pero un día antes de cometer mi fechoría mi Dios bendito me iluminó y a través de un programa evangélico televisivo me mostró su palabra y sus obras”.
El efecto de mensaje divino fue inmediato y más poderoso que cualquiera de las sustancias producidas por la mano del hombre. En el acto Roedel se entregó al Señor. Supo que, de la mano de Dios, se podía ser un hombre nuevo. Y enseguida asistió a diversos templos cristianos, dejó las drogas, reestructuró su vida, enfrentó con valentía en 1989 la muerte de su hermano, debido a una sobredosis, se reencontró ese mismo año con Belialina, quien era pariente lejana de su progenitora, y la desposó dos años después y finalmente ingresó junto a ella al Movimiento Misionero Mundial en los inicios de los años noventa.
En la actualidad, con una maestría en contabilidad y feliz padre de un prestigioso economista (Joshua Roedel Gutiérrez), Eduardo atestigua que en la lucha entre el bien y el mal la victoria le pertenece al Altísimo. Elegido, entre las ovejas más descarriadas de la tierra, asegura que su testimonio le servirá a cualquier pecador para iniciar el camino de retorno a la casa del Señor. Con humildad, y al pie de la puerta de su domicilio y Biblia en mano, asegura que “el que clama por el perdón de Dios siempre encontrará respuesta”.

 

Dios puede darte una nueva vida


Gloriosa Convención Familiar del MMM se viene desarrollando en la ciudad de Lima, capital de la República del Perú. Se inició con el lema “Dios puede darte una nueva vida”. Congregó miles de asistentes que llenaron el Estadio de San Marcos.
El mensaje inaugural de la Convención Familiar estuvo a cargo del fundador de la Obra en el Perú, reverendo Rodolfo González Cruz. La cita bíblica en la que se basó la disertación fue Jeremías, capítulo dieciocho, en la que se consigna cómo Jehová requería cambiar al pueblo de Israel ante el pecado de este.

Resaltó que ninguna persona, por poderosa que crea ser, puede dejar de reconocer la grandeza del Creador y de Su creación. Afirmó que políticos, uniformados y hasta guerrilleros cayeron rendidos ante la sola presencia de Dios.

En ese sentido, recordó que actualmente se viven momentos difíciles en la sociedad moderna por causa del pecado. “Dios nos ha prometido una tierra nueva y un cielo nuevo donde solo cabrá la justicia y la moral”.

En otro momento, dio a conocer que fuerzas oscuras intentan destruir hogares. No obstante, dijo que existe esperanza si es que el pecador se acerca a la omnipotencia del Padre Celestial. “¿Acaso Dios no puede ser tu alfarero y cambiar tu vida?”, preguntó nuestro pastor a la audiencia.

Poco después, una gran masa se acercó a los pies del Salvador buscando un encuentro especial con Él.

Dato

Previo al mensaje se elevó una oración por las autoridades de la nación.

Trabajo en la Cárcel de Castro Castro


La Iglesia del Movimiento Misionero Mundial viene realizando una incansable labor de Evangelización en las Cárceles del Perú; labor que gracias a Dios no ha pasado desapercibido por las autoridades y medios de comunicación. El Evangelio de Jesucristo ha transformado miles de vidas, vidas que para la mayoría de la sociedad, no tienen esperanza de cambio, de readaptación o reinserción social, pero Dios rompe todo esquema mostrando a la sociedad que su Poder y Amor no tiene Límites.




Rev. Luis Meza Bocanegra (Tesoro Biblico) - El Principio de la Creación